[dicho antes de entrar a comprar cigarros]
- Voy a comprar un poco de ideología
martes, 21 de octubre de 2014
viernes, 3 de octubre de 2014
La gente da por sentado a los chóferes de bus, nunca piensan demasiado en nosotros, en nuestra importancia. Nadie se pone a pensar en aquel hombre cuyo trabajo es llevar al resto a su trabajo, y que cuando el trabajo del resto termina, sigue siendo su trabajo llevarlos de regreso. Nadie piensa en que cuando el chófer guarda el bus en el depósito, se va caminando a casa. Solo se acuerdan de nosotros cuando no estamos, o cuando chocamos.
El choque de un bus nunca es una ocurrencia casual, siempre es el desenlace de una serie de eventos que llevan al chófer a esa situación. En mi caso no fue distinto, todo ocurrió de la manera que siempre ocurre. El lunes fue normal; a la hora del desayuno, los colegas hablaban emocionados del paro del miércoles, algunos irían al parque con sus hijos, otros planeaban decirle a sus esposas que no acatarían el paro para visitar a sus amantes, yo realmente no sabía qué hacer el miércoles, en nuestra empresa nos mantenemos al margen de las causas políticas de los paros, el Gerente es bastante considerado y recompensa bien nuestro trabajo, tenemos suerte. Para nosotros, el día de paro es simplemente una pequeña vacación, tampoco era algo casual que fuese un miércoles, estos son los días de menor ganancia, chóferes y taxistas lo saben muy bien. El resto del día fue bastante tranquilo, los muelles delanteros ya habían sido cambiados y el Scania se manejaba suave de nuevo, aunque un sonido extraño aparecía cada vez que no frenaba lo suficiente antes de pasar por un bache, quizás eran las abrazaderas mal ajustadas. En la noche subió una señora a contarle a los pasajeros la historia de su hija enferma, tenía una enfermedad muy extraña que la mantenía postrada en la cama, por lo que entendí era una especie de septicemia que no la abandonaba ni se la llevaba,solo la mantenía sufriendo y sangrando pus, cuando uno maneja un bus se encuentra con muchas historias de gente que pide dinero, algunas buenas, otras muy malas, algunas ciertas y por lo general muchos cuentos que repiten los mismos tipos y una y otra vez; luego de muchos años, era la primera vez que la historia de alguien me conmovía tanto, quería darle dinero, no pude, bajó por la puerta de atrás.
El martes la gente estaba muy agitada, una tonta conversación sobre política se convirtió en una discusión y el desayuno se volvió amargo, no me gusta escuchar a la gente cuando se toma muy en serio las cosas. Por la mañana, los estudiantes, los jóvenes, no querían mostrar sus identificaciones y sin embargo querían gozar de beneficios, las viejas gritaban cuando aceleraba muy rápido y cuando el tráfico no me dejaba avanzar; en la tarde subieron un par de adictos por la puerta de atrás y empezaron a hacer escándalo, uno de ellos le faltó el respeto a una señorita, un policía tuvo que intervenir. Tardé en agarrar el sueño esa noche, este mes Martha no esta vendiendo mucho y vamos a tener problemas para pagar la cuota del banco, la vez pasada la llamaron por teléfono.
El día del paro pude dormir un rato más, y tomar desayuno con los chicos antes de que se vayan al colegio, en las noticias pasaban imágenes de la gente atolondrada en los paraderos viendo la manera de subirse a una camioneta o pagar un taxi entre varios porque cobraban el doble de una tarifa normal, ratas. El paro era casi total, me recordó a los paros cuando era joven y renegaba de los paros porque no tenía cómo ir a estudiar, en esa época no hubiera ententido; ahora ya no tengo la edad para andar en cambalaches de protestas pero las entiendo. Se habla en televisión de un incidente con piedras y lunas rotas en el Óvalo de Santa Anita y me pongo un poco nervioso. Los chicos se fueron al colegio con Martha y no sé qué hacer ahora, no estoy acostumbrado a estar solo en casa, en especial desde que falleció mi mujer. Salí como hacia el mercado y me encontré con el viejo Agustín, no hablábamos hace mucho y nos estuvimos poniendo al día. Me invitó una cerveza y le invité una cerveza, dejé de pensar en el paro y en el banco.
..............................CONTINUARÁ
El choque de un bus nunca es una ocurrencia casual, siempre es el desenlace de una serie de eventos que llevan al chófer a esa situación. En mi caso no fue distinto, todo ocurrió de la manera que siempre ocurre. El lunes fue normal; a la hora del desayuno, los colegas hablaban emocionados del paro del miércoles, algunos irían al parque con sus hijos, otros planeaban decirle a sus esposas que no acatarían el paro para visitar a sus amantes, yo realmente no sabía qué hacer el miércoles, en nuestra empresa nos mantenemos al margen de las causas políticas de los paros, el Gerente es bastante considerado y recompensa bien nuestro trabajo, tenemos suerte. Para nosotros, el día de paro es simplemente una pequeña vacación, tampoco era algo casual que fuese un miércoles, estos son los días de menor ganancia, chóferes y taxistas lo saben muy bien. El resto del día fue bastante tranquilo, los muelles delanteros ya habían sido cambiados y el Scania se manejaba suave de nuevo, aunque un sonido extraño aparecía cada vez que no frenaba lo suficiente antes de pasar por un bache, quizás eran las abrazaderas mal ajustadas. En la noche subió una señora a contarle a los pasajeros la historia de su hija enferma, tenía una enfermedad muy extraña que la mantenía postrada en la cama, por lo que entendí era una especie de septicemia que no la abandonaba ni se la llevaba,solo la mantenía sufriendo y sangrando pus, cuando uno maneja un bus se encuentra con muchas historias de gente que pide dinero, algunas buenas, otras muy malas, algunas ciertas y por lo general muchos cuentos que repiten los mismos tipos y una y otra vez; luego de muchos años, era la primera vez que la historia de alguien me conmovía tanto, quería darle dinero, no pude, bajó por la puerta de atrás.
El martes la gente estaba muy agitada, una tonta conversación sobre política se convirtió en una discusión y el desayuno se volvió amargo, no me gusta escuchar a la gente cuando se toma muy en serio las cosas. Por la mañana, los estudiantes, los jóvenes, no querían mostrar sus identificaciones y sin embargo querían gozar de beneficios, las viejas gritaban cuando aceleraba muy rápido y cuando el tráfico no me dejaba avanzar; en la tarde subieron un par de adictos por la puerta de atrás y empezaron a hacer escándalo, uno de ellos le faltó el respeto a una señorita, un policía tuvo que intervenir. Tardé en agarrar el sueño esa noche, este mes Martha no esta vendiendo mucho y vamos a tener problemas para pagar la cuota del banco, la vez pasada la llamaron por teléfono.
El día del paro pude dormir un rato más, y tomar desayuno con los chicos antes de que se vayan al colegio, en las noticias pasaban imágenes de la gente atolondrada en los paraderos viendo la manera de subirse a una camioneta o pagar un taxi entre varios porque cobraban el doble de una tarifa normal, ratas. El paro era casi total, me recordó a los paros cuando era joven y renegaba de los paros porque no tenía cómo ir a estudiar, en esa época no hubiera ententido; ahora ya no tengo la edad para andar en cambalaches de protestas pero las entiendo. Se habla en televisión de un incidente con piedras y lunas rotas en el Óvalo de Santa Anita y me pongo un poco nervioso. Los chicos se fueron al colegio con Martha y no sé qué hacer ahora, no estoy acostumbrado a estar solo en casa, en especial desde que falleció mi mujer. Salí como hacia el mercado y me encontré con el viejo Agustín, no hablábamos hace mucho y nos estuvimos poniendo al día. Me invitó una cerveza y le invité una cerveza, dejé de pensar en el paro y en el banco.
..............................CONTINUARÁ
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)