Despertó en su cama. No sabía el día ni la hora. Estaba en ropa interior, gran dolor de cabeza. Se levantó. Cayó a la cama. Minutos después lo consiguió. Tambaleándose, llego a la cocina y se sirvió un vaso de agua con azúcar, lo tomó de un trago y fue al baño. Se dio una ducha fría y al salir de la ducha a mirarse al espejo notó que tenía un punto verde en la espalda; más que un punto, una bola. Era una bola dura y brillante como el vidrio de las botellas de cerveza, no sabía como había llegado aquella bola a su espalda y no sabía como quitarla. Olvidó la bola y se puso ropa limpia pero arrugada. Repentinamente recordó que debía visitar a su novia. No sabía quién era, ni recordaba su nombre, pero sentía la necesidad. En la radiola sonaba Honey Pie de The Beatles y al oír honey pie, you're making me crazy, i'm in love, but i'm lazy, so want you please come home le dieron ganas quedarse esperando.
Paso horas oyendo Honey Pie, pero la novia nunca llegó y la bola empezaba a ser molesta, decidió ir al hospital. Bajó las escaleras del departamento en el centro que tenía desde que dejó la universidad, y casi instintivamente siguió el camino hacia el hospital, porque seguía sin recordar. Llegó a emergencias, y le enseñó la bola a un médico, se sentó en una camilla mientras el médico examinaba con desgano el bulto. Dijo que no había por qué preocuparse, pese a que la bola había crecido camino al hospital, le recetó una crema de eucalipto y lo mandó a casa. Fue a la farmacia a comprar la crema, encontró el cambio necesario para la crema en su bolsillo. Ni un centavo más, ni uno menos. Camino a su departamento se sentó en una plaza a ver a las palomas comerse las hormigas que iban en fila hacia una paleta caída mientras a una niña lloraba por su paleta. Ya amanecía y la bola ya tenía el tamaño de un puño, decidió volver.
Entro a su departamento tambaleándose de nuevo, se sentó en un sofá viejo a seguir oyendo la radiola y seguir esperando a su novia, era lo que había que hacer. Amanecía otra vez y la bola ya era del tamaño de un auto pequeño, no se giraba hacia ninguna parte y, dentro de la bola, alguien cantaba Honey Pie.
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